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En los tiempos que corren donde se hacen desaparecer de los Ayuntamientos pancartas de apoyo a los refugiados para poner en su lugar grandes banderones rojigualdos, o donde se empieza a ver con naturalidad que unos diputados de ultraderecha digan auténticas barbaridades en las televisiones o hagan propuestas que, a cualquiera que tenga una gota de sangre, al menos le desconciertan… En estos tiempos, ayer vivimos un momento de esperanza en la Macarena.

Una maravillosa respuesta vecinal frente a los discursos de odio que últimamente se estaban deslizando en la ciudad por parte de algunos sectores a cuenta de la apertura de un centro de MENAs (Menores Extranjeros No Acompañados) en el barrio. Algo que no es nuevo y es que hace unos meses también la Cruz Roja anunció la apertura de un centro de acogida de refugiados por la zona y la presión de unos pocos vecinos consiguió paralizar el proyecto, con la asombrosa complicidad de Espadas que instó a la entidad a que desistiera de la idea.

Ayer en La Barzola se dio un ejemplo de responsabilidad, de solidaridad y de ganas y fuerzas para construir una ciudad más inclusiva. Gente muy diversa que se había congregado en torno a unas sillas y un micrófono para informar sobre el nuevo centro de menores. Profesionales de la fundación que gestiona dicho espacio, antiguos residentes de centros de ese tipo y dirigentes vecinales se fueron turnando la palabra para responder a las dudas que los presentes iban lanzando.

Nadie pone en duda que el entorno del Parlamento está saturado de dispositivos de atención a población vulnerable, nadie cuestiona la necesidad de desconcentrar estos servicios (fuimos nosotros los que en 2013, junto a APDHA, planteamos el problema por primara vez en un Pleno)… pero tampoco nadie puede cuestionar que hay gente que está mezclando churras con merinas y vinculando, como si fuera un tema directamente proporcional, la delincuencia con la inmigración. 

En ese caldo de cultivo, hay personajes largamente conocidos en nuestra ciudad (y algún representante público de VOX) que aprovechan para sembrar su discurso de intolerancia y odio hacia el inmigrante. Y ante esos mensajes (donde se mezcla a personas sin hogar con menores inmigrantes y la delincuencia con pobreza, exclusión o color de piel) no podemos bajar la guardia, el encuentro de ayer es un ejemplo de eso y de que aún hay esperanza. Y la realidad no es como la pintan estos intolerantes: ni 20 menores que intentan buscarse la vida hay ahora mismo en el centro que han abierto.

Una vecina mayor (quizás las palabras más emotivas que se escucharon y por eso cierro con ellas) recordó a los miles de menores españoles que fueron acogidos en el extranjero tras el Golpe de Estado de Franco y que, ahora, lo que nos toca es devolver a la Humanidad toda esa solidaridad que recibimos.

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