Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

Diferentes sectores de la ciudad están propiciando una polémica estéril para ocultar el que debería ser el debate real de la Feria.

Mientras unos recogen firmas para recuperar el calendario original a mayor gloria de la idiosincrasia sevillana, jaleados por columnistas repartidores de carnés de sevillanía, otros se instalan en la autocomplacencia aferrándose para ello a los kilos de basura recogidos este año por Lipasam, o a los viajeros de bus o metro y litros de manzanilla contabilizados.

No se trata de si hay más días o menos. A quien le encante la Feria le habrá sabido a poco y a quien la deteste le habrá parecido un suplicio. Para gustos los colores. Reducir el debate a si el cuerpo y la cartera aguantan un día más (hay que recordar que la diferencia es de un único día) es un absurdo… ¿Acaso alguien nos pone una pistola en la cabeza para ir al Real?

Para nosotros el debate sigue siendo si se mantiene un modelo elitista de fiesta de la que aún están alejados muchos sevillanos y sevillanas, si queremos una Feria más abierta y accesible, con más casetas públicas y con condiciones favorables para las clases populares de la ciudad.

Reducir el análisis a las grandes cifras nos lleva a una mercantilización de la fiesta que confirma el objetivo de Espadas con su referéndum: colar la Feria como un paquete turístico más para hoteleros y touroperadores.

El alcalde se parapeta tras los datos de pernoctaciones, kilos de basura y número de viajeros de transporte público para proclamar a los cuatro vientos que la Feria ha sido un éxito total, cuando se mantienen los mismos problemas de siempre.

La demanda de más casetas públicas (sin necesidad de hacer un parque temático para guiris), la cara oculta del empleo basado en la precariedad y la semiesclavitud y las miles de familias que siguen excluidas de vivir la Feria y que sólo pueden “disfrutar” de ella con el bocata de tortilla en papel de plata bajo el brazo.

Con estos temas pendientes, con el aumento de la venta de alcohol y tabaco ilegal, con nueve automóviles de Cabify calcinados… no se puede afirmar, como ha dicho el alcalde, que “todo ha salido perfecto”. Seguramente  esta actitud exultante de Juan Espadas se debe a un estado de embriaguez tras una semana de postureo, en la que no ha dejado de pavonearse en la Caseta Municipal a costa del dinero público con las sucesivas recepciones municipales.

Preocupante también es el chovinismo en el que parece haberse instalado Espadas cuando clama que “somos la mejor ciudad del mundo”. Pero lo cierto y verdad es que, una vez pasada la Feria, los graves problemas de Sevilla todavía estaban allí.

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